Qué tal están?!
Aprovechando que febrero suele ser un mes más liviano para muchos psicólogos, al menos aquí en Chile, quiero abrir espacio para reflexionar sobre algunas temáticas que aparecen con frecuencia, tanto en conversaciones cotidianas como en la consulta.
Una de ellas tiene que ver con esas pequeñas señales que, a veces de forma silenciosa, comienzan a mostrarnos que algo podría no estar del todo bien en nuestra relación con la comida.
Ojo, no siempre es evidente.
Muchas veces, cuando pensamos en dificultades alimentarias o incluso en un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), imaginamos escenarios extremos, visibles o claramente graves.
Sin embargo, en la práctica clínica, lo más frecuente suele ser algo muy distinto: procesos silenciosos, cuerpos diversos (y no necesariamente extremadamente delgados), cambios graduales y señales que pasan desapercibidas. Y justamente por eso, suelen normalizarse.
¿Por qué a veces es tan difícil notarlo?
Pueden haber muchas razones, pero a nivel contextual muchas de estas conductas suelen estar normalizadas y validadas socialmente:
“Estoy comiendo más sano.”
“Solo estoy siendo más disciplinada/o.”
“Quiero sentirme mejor con mi cuerpo.”
“Estoy cuidándome.”
Lo complejo es que, a veces, bajo ese discurso de autocuidado, comienza a instalarse (o peor aún, refuerza) malestar, rigidez o sufrimiento.
Me gustaría que revisaramos algunas señales tempranas que veo frecuentemente en consulta:
✔ Pensar en comida gran parte del día
✔ Sentir culpa después de comer
✔ Clasificar alimentos como “buenos” o “malos”
✔ Sentir ansiedad y/o mucha culpa al romper reglas alimentarias (sociales o autoimpuestas)
✔ Evitar situaciones sociales que involucren comida
✔ Sentir que “perdiste el control” al comer
✔ Saltarse comidas para compensar
✔ Sentir miedo a ciertos alimentos
✔ Sentir que tu estado de ánimo depende de cómo comiste
Lo importante aquí es que una señal temprana no implica necesariamente la presencia de un TCA. Pero sí puede indicar que algo merece ser observado.
Cuando la relación con la comida, comienza a generar culpa, ansiedad, rigidez o malestar emocional, no es algo menor.
Como ya mencioné anteriormente, hay una trampa en la normalización de conductas alimentarias preocupantes y muchas personas llegan a consulta diciendo:
“Pensé que esto era normal.”
“Creí que simplemente tenía que esforzarme más.”
“No imaginé que esto podía ser una señal de algo más.”
"Siempre escuché a las mujeres de mi familia sentirse culpables si comían algo diferente o más placentero"
Si estás comenzando a identificarte, quiero que sepas que consultar no es exagerar. No necesitas estar “grave”, tampoco necesitas cumplir criterios diagnósticos ni necesitas tocar fondo.
Y como ya he dicho en otras oportunidades, si tu relación con la comida ya es motivo suficiente para buscar apoyo.
Cariños,
